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Maruja Vieira

Hace cien años nació en Manizales la poeta, periodista, catedrática y ensayista Maruja Vieira, autora de dieciséis libros de poesía, dos antologías, uno de prosa e innumerables artículos en los más importantes medios de Colombia y de Venezuela.

Sus méritos literarios, su trayectoria profesional y su labor a favor de los derechos de la mujer la han hecho merecedora de numerosos premios y reconocimientos, entre los que se destacan la Orden de la Cultura del Ministerio de Cultura, la Medalla Simón Bolívar del Ministerio de Educación Nacional, la Medalla Honor al Mérito Artístico de Bogotá, D.C, la Orden Civil al Mérito José Acevedo y Gómez en el grado Cruz de Oro del Concejo de Bogotá, D.C. y la Orden Gabriela Mistral, en el grado máximo, otorgada por el gobierno de Chile.

En 2004, Maruja Vieira obtuvo el premio de la Fundación Mujeres de Éxito en la categoría de Artes y Letras. En 2010 fue homenajeada por la Editorial Caza de Libros como la poeta viva más importante del país. En 2011 fue incluida en la antología Poesía de la Alhambra junto a grandes escritores de Hispanoamérica. El 1 de noviembre de 2012 recibió el premio Vida y Obra del Ministerio de la Cultura de Colombia y, en 2015, Bogotá le rindió homenaje con el Premio al Mérito a Artistas y Gestores en la categoría de literatura.

Sus poemas figuran en incontables antologías de poesía hispanoamericana; además, ha representado a Colombia en diferentes festivales nacionales e internacionales, y su obra ha sido traducida al inglés, francés, húngaro, alemán y ruso, entre otros idiomas.

Me detengo a la orilla de la tarde

y busco las palabras olvidadas,

los antiguos colores de la tierra,

la huella luminosa de los árboles.

 

Estás aquí, sonríes a mi lado

bajo la rama azul que se deshace

en un pequeño cielo caminante.

Otra rama, de oro,

está en mi mano.

 

Hablo contigo como siempre,

cálidas, amorosas,

las sílabas desgranan

un lento manantial de agua tranquila

sobre el silencio de la piedra blanca.

 

Maruja Vieira

(1922)

Meira Delmar

Olga Isabel Chams Eljach (1922-1009), conocida en el ámbito de las letras por su nombre de pluma, Meira Delmar, es una de las más significativas poetas colombianas del siglo XX. Se formó en música en el conservatorio Pedro Biava de la Universidad del Atlántico y posteriormente estudió Historia del Arte y Literatura en la Escuela de Bellas Artes del Centro de Estudios Dante Alighieri, en Roma, Italia. En 1971, la Universidad del Atlántico le confirió el doctorado Honoris Causa en Letras y fue miembro de la Academia Colombiana de la Lengua.

Sus primeros poemas, cuando tenía apenas quince años, aparecieron en la revista Vanidades, editada en Cuba. Otros poemas suyos fueron publicados en diversas revistas del Caribe colombiano. 

Su obra poética, de carácter antimodernista, de rica musicalidad y marcada por sugestivas evocaciones al mar y, en general, a la naturaleza, le permiten abordar con originalidad temas como el amor, el desamor, la memoria, la muerte y el olvido. La distinguida trayectoria de Meira Delmar como poeta, gestora cultural y maestra la hizo merecedora de importantes premios y reconocimientos como la Medalla Simón Bolívar del Ministerio de Educación en 1993, la Medalla de Colcultura, la Medalla Puerta de Oro de la Gobernación del Atlántico, el Premio Nacional de Poesía de la Universidad de Antioquia en 1995, la placa de Honor al Mérito y la Medalla Pedro Biava del Centro Artístico de Barranquilla, la Placa Venera de la Sociedad Interamericana de Escritores, la Medalla Puerta de Oro de Colombia de la Gobernación del Atlántico, la Orden al Mérito Cultural Luis Carlos López de la Gobernación del Departamento de Bolívar, el Botón de Oro de la Corporación Universitaria de la Costa y la Orden de la Democracia Simón Bolívar del Congreso de la República de Colombia en 2003.

En el prólogo a Ninguna voz repetirá la mía, libro de poemas de Meira Delmar que hace parte de la Biblioteca de Escritoras Colombianas, María Antonio León escribe de la poeta que “al leerla, conjuramos fuerzas de la naturaleza: sentimos el compás suave del viento y de la primera caricia en una memoria de amor. Sus palabras lamen nuestro corazón herido. Nos enamoramos y perdemos aquello que amamos, hombre o patria, edad o cuerpo. Y como Delmar hace ese conjuro de magia que es devorar nuestro ojo al desnudar su propia alma —y ocupar la nuestra—, su poesía es mística. En ella habita algo sagrado, algo puro”.

No es de ahora este amor.

 

No es en nosotros

donde empieza a sentirse enamorado

este amor, por amor, que nada espera.

Este vago misterio que nos vuelve

habitantes de niebla entre los otros.

Este desposeído

amor, sin tardes que nos miren juntos

a través de los trigos derramados

como un viento de oro por la tierra;

este extraño

amor,

de frío y llama,

de nieve y sol, que nos tomó la vida,

aleve, sigiloso, a espaldas nuestras,

en tanto que tú y yo, los distraídos,

mirábamos pasar nubes y rosas

en el torrente azul de la mañana.

 

No es de ahora, No.

De lejos viene

–de un silencio de siglos,

de un instante

en que tuvimos otro nombre y otra

sangre fugaz nos inundó las venas–

este amor, por amor,

este sollozo

donde estamos perdidos en querernos

como en un laberinto iluminado.

 

Meira Delmar

(1922-2009)

Gabriel García Márquez

El 8 de diciembre de 1982 la Sala de Conciertos de Estocolmo se llenó de cumbia y vallenato, de bailarines ataviados con atuendos del folclor colombiano; durante veinte minutos, el gélido invierno escandinavo pareció convertirse en el tórrido Caribe, pleno de color y de alegría. Era un momento histórico para Colombia: Gabriel García Márquez había obtenido el Premio Nobel de Literatura.

Los colombianos seguían la transmisión televisiva de Inravisión bajo la dirección del periodista y académico Bernardo Hoyos y en la memoria colectiva quedó grabada la imagen, reforzada por las fotografías de Nereo López, del escritor de Aracataca ataviado con el tradicional liqui-liqui blanco de los llanos orientales, en lugar del consabido smoking europeo, mientras pronunciaba uno de sus discursos más recordados: «La soledad de América Latina».

En 2022 se cumplen cuarenta años de la entrega del Premio Nobel de García Márquez, conmemoración que nos invita a preguntarnos por el legado de su obra en la literatura y en otros ámbitos de la cultura y las artes, como la música y el periodismo.

Un día como el de hoy, mi maestro William Faulkner dijo en este lugar: “Me niego a admitir el fin del hombre”. No me sentiría digno de ocupar este sitio que fue suyo si no tuviera la conciencia plena de que por primera vez desde los orígenes de la humanidad, el desastre colosal que él se negaba a admitir hace 32 años es ahora nada más que una simple posibilidad científica. Ante esta realidad sobrecogedora que a través de todo el tiempo humano debió de parecer una utopía, los inventores de fábulas que todo lo creemos nos sentimos con el derecho de creer que todavía no es demasiado tarde para emprender la creación de la utopía contraria. Una nueva y arrasadora utopía de la vida, donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde de veras sea cierto el amor y sea posible la felicidad, y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra.”

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